domingo, 18 de octubre de 2015

The legend of desesperada

Capítulo 8 

Nos adentramos rápidamente en la ciudad goron buscando a alguien que nos guiase hacia el cráter de la montaña, pero parecía una ciudad desierta. Un ruido procedente de la segunda planta nos llamó la atención, por lo que ávidamente bajamos. Un goron, descontrolado, recorría la planta rodando; no fue capaz de percatarse de nuestra presencia, y puesto que era la única alma que se veía en esa, antes llena de vida, solitaria y triste ciudad, debíamos buscar una forma de pararlo. La zona estaba a de plantas bomba, Link y yo nos miramos y nos colocamos a 50 metros el uno del otro, colocando una bomba en el suelo, intentando que el impacto de una de las dos bombas consiguiera detener su trayectoria. 
La jugada dió resultado y el goron perplejo nos miró. Lo más calmadamente posible, para tranquilizar al pobre goron que temblaba como si fuéramos enemigos y nuestro mayor propósito fuera hacerle daño, tratamos de explicarle que veníamos en su ayuda.
Tan buenamente como pudo, nos dijo que había dos entradas al cráter, que para uno de ellos necesitaríamos el martillo megaton que se encontraba en el corazón de la misma montaña; la otra entrada era a través de la estancia del rey Darunia, quien se encargaba de alimentar a Volvagia y ahora se encontraba preso del guardián de la montaña. 
Nos apresuramos tras esta última noticia, cuando el goron nos paró y nos dijo que no sobreviviríamos llevando ese tipo de vestimenta al interior de la montaña, debido a sus altas temperaturas. De repente se marchó en forma de roca y volvió a los pocos minutos con dos túnicas rojas. Nos las colocamos y pusimos rumbo a la estancia de Darunia. 
Para abrir la puerta Link sacó la ocarina del tiempo y tocó la nana de Zelda. 
El cráter era el sitio más caluroso en el que había estado,peor que Murcia en verano, la túnica permitía que no te abrasaras vivo. No sabía si quitarme la ropa o quitársela, así que fijaos si el ambiente estaba caldeado. Volví a la realidad, al menos la que estaba viviendo en ese momento. Una hilera de jaulas se extendía por la sala, con gorons como prisioneros. Manos a la obra los sacamos uno a uno. El último de ellos nos señaló tembloroso y agradecido el lugar donde se encontraba volvagia y el rey retenido, también nos alertó de que antes de entrar debíamos encontrar el martillo megaton. Este se encontraba en una sala custodiado por una llama bailarina, que consistía eespecie de espantapájaros, con cuerpo envuelto en fuego y una cabeza explosiva. Hostia puta, el caso es que no sé como no había explotado con su calor, llamémoslo corporal. 
Ya nos encontrabamos frente a la sala de volvagia dispuestos a salvar a Darunia y a la población de kakariko's Village. 
La sala era un lugar inmenso en el que perfectamente entraría una ciudad subterránea, tal como la de los gorons, pero en el centro se veía una plataforma redonda con agujeros, como si se tratara del juego de golpear al topo. En una esquina de la sala encontramos a Darunia, pero ni rastro de volvagia, así que nos dirigimos directamente hacia él, cuando del cielo apareció un dragón, rojo como el fuego más ardiente y cálido a la vez que jamás había visto, ni sentido (tampoco es que hubiera visto otro), de unos 10 metros de largo, que se posó frente a nosotros. Observó que Link portaba en su mano izquierda el martillo megaton. Esto lo puso tan furioso que abrió la boca para tirarnos una bocanada de fuego, de la que conseguimos escapar. Link me pidió que me quedara con Darunia, mientras él se ocupaba del dragón. Parecía un bailarín danzando con el fuego, a mi me dio penica mirar, pero parecía el más macho de los machos (cara con ojos de corazones). La lucha terminó con Link y su túnica mojada de sudor, remarcándole los pectorales, y volvería tendido en el suelo retorciéndose de dolor, hasta que le fue asistido el golpe de gracia. Tras la desintegración del dragón apareció un medallón rojo como el fuego. 
Las cadenas de fuego que aprisionban a Darunia desaparecieron y nos agradeció todo lo que habíamos hecho por su pueblo. Minutos después al guiarnos por la otra salida, nos dijo que se le había encomendado la misión de ser uno de los siete sabios que mantenían la trifuerza y que no podría acompañarnos a la salida. 
Ese día los ciudadanos de kakariko y los goron se unieron en una celebración común, danzando y cantando.  

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