lunes, 29 de septiembre de 2014

The legend of Desesperada

Capitulo 2







         Madre mía, ¡que ojos!. Cuanto más me miraba más nerviosa me ponía. Esos ojos azules del color del cielo podrían derretir cualquier cosa, o mejor dicho, a cualquier mujer que se le pusiera delante.
Mi perplejidad me impedía articular palabra, si ya me pongo nerviosa cuando estoy frente al chico que me gusta, imaginaos como me tuve que haber puesto, al ver algo que jamás, y digo jamás, pensé que podría haber pasado.
         Por fin me armé de valor y lo único que salió de mi boca fue un ¡eh! acompañado de una sonrisa, más la caída de baba. En ese momento me sentí como él en cualquier videojuego. De pronto se me encendió la bombilla, y me pregunté: ¿hablará?. No lo había pensado hasta ese momento, Link no habla, solo hace sonidos. A lo mejor este si. Llevábamos como diez minutos mirándonos fijamente, sin decir nada.
Supongo que la situación era extraña para los dos, más para él que para mi. Yo por lo menos estaba en mi mundo.
Hola- le dije esperando una respuesta- solo obtuve una sonrisa seguida de un je. El pobre estaba tan confuso como yo.- Me llamo Cristina, ¿Tú eres Link, verdad?, ¿Me entiendes?- no hizo ningún gesto ni nada, así que probable que no me entendiese. Me limité a imitar la escena de Tarzán y Jane cuando se conocen, señalándome a mi dije- Cristina- pasé a señalarlo a él dándole pie a que hablara-...- viendo que no respondía dije- ¿Link?- y al fin, al fin movió la cabeza y dijo- “jai”
Tras su respuesta la conclusión no precipitada fue clara, mudo. A lo mejor lo era por que nunca lo habían enseñado a hablar. Quizá yo podría enseñarlo. También cabía la posibilidad de que fuese mudo por que quisieron que fuera así.
Lo cierto y verdad es que me importaba un pepino, probaría las dos cosas y si no hablaba ya encontraría la forma para poder comunicarnos.
         Me moría de ganas de tocarlo, podría ser un holograma y no de carne hueso, o una ilusión creada por la super conmoción cerebral que tenía en ese momento.
Me acerqué lentamente y con los ojos cerrados alargué el brazo. Noté como sus manos cogían la mía y la euforia se apoderó de mi. Traté de calmarme y de no echarme encima de él, pero para cuando abrí los ojos ya era demasiado tarde, estaba totalmente pegada a él como cual lapa en las rocas de la playa. En cuanto fui consciente me separé cogiéndole con mis manos sus musculosos brazos. Todo era mejor de lo que me había imaginado.
Mi corazón estaba revolucionado. Debía tranquilizarme y sacarlo del parking. Le tendí mi mano y nos dirigimos al interior del centro comercial.
¿Recordáis que antes os dije que cuando llegué no había nadie? Pues ahora parecía que habían hecho rebajas improvisadas por que todo el pueblo estaba ahí.
Al ver tanta gente Link empezó a sentirse inquieto, tratando de buscar la espada maestra en su espalda, pero no la llevaba. No se me ocurrió otra forma de tranquilizarlo que coger mi móvil y ponerle la canción del Market de Hyrule de la BSO. Surtió efecto y no le dí más vueltas. Entendió que era un mercado.
          Lo que me resultó extraño fue que la gente nos miraba raro, hasta ese momento no me había percatado de que su atuendo no era el más adecuado para ir paseando por la calle. No tardó en darse cuenta y comenzó a buscar por su alforja, sacó de una de ellas algún que otro billete.
          Tras ver esto lo cogí del brazo y me lo llevé a Pull and Bear a comprarle ropa.
Era la primera vez que Link veía unas escaleras mecánicas y me enamoré de su cara de entusiasmo, parecía un niño pequeño el cual había hecho el mayor de los descubrimientos. Una vez arriba, volvimos a bajar, para volver a subir. Repitió esta partitura 3 veces, y por que no lo dejé más, realmente parecía un niño.
Al entrar en la tienda la simpática de la dependienta nos miró raro, le dije que veníamos del salón del manga y que habíamos ganado el concurso de cosplay, ahora queríamos ropa normal.
            Escogí un montón de ropa, lo metí al probador y lo esperé fuera. Mientras esperaba a que se cambiase, sin yo quererlo me fijé en que la cortina no cerraba bien y entre una rendija podía ver como se cambiaba de ropa. Intenté no mirar, lo prometo. Pero el delito era no hacerlo si no lo hubiese hecho la policía me hubiese detenido por tonta.
Se notaba que era el personaje de un videojuego, era la perfección en persona. Tenía marcados todos y cada uno de los músculos de su cuerpo, esculpidos proporcionadamente. Dios. Al fin la vida me sonreía. Noté como algo me rozaba el hombro, era la dependienta que también había caído en la cuenta del detalle y se había unido a ver semejante espectáculo.
          De repente la cortina se abrió y las dos nos empujamos mutuamente tratando de disimular que estábamos espiando como se cambiaba. Lo miré y fue como: Un rayo de sol oh, oh, oh. Casi lloro de felicidad. Mis hormonas estaban revolucionadas. Me hizo un gesto y le dije que le quedaba genial con el gesto universal del dedo pulgar hacia arriba y mi cara de super salida. Volvió dentro a probarse los siguientes conjuntos, y la dependienta de nuevo a mi lado, esta vez la mandé a paseo.
           Nos llevamos tres pantalones y cuatro camisetas, para que tuviese con que vestirse. Tampoco sabía cuanto tiempo se iba a quedar y en caso de que fuese para siempre, mis ganas locas, le compraría más ropa. Durante el pago la dependienta trató de colarle el número de teléfono, pero yo fui más avispada y lo rompí vilmente delante de sus narices.
Hice que entrase al baño y se pusiese uno de los nuevos conjuntos adquiridos. Tengo que decir que lo más erótico del día fue quitarle de la ropa las etiquetas con los dientes. Pero que me quiten lo bailao.
          Cuando llegamos a mi coche se rehusó a entrar. Traté de decirle que cumplía la misma función que Epona. Vendo que no surtió mucho efecto, entré dentro de mi coche, abriéndole la puerta del copiloto e invitándolo a entrar.
En un momento de lucidez antes de llegar a casa, salí del coche y llamé a mi hermana pequeña:
¿Quéééééé?
Toñi necesito que me hagas un favor, tienes que esconder todos los maceteros y jarrones que haya por la casa.
¿por qué?
Cuando llegue a la casa lo verás, que ahora mismo no te lo puedo explicar.
Voy ya, ¿eh?
         Durante el trayecto iba nombrando todos y cada uno de los objetos y seres que nos íbamos encontrando. Supongo que para él todo esto sería nuevo. Así que el camino a casa fue como un capítulo de Dora la Exploradora, solo que sin mono ni mochila.

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