Capitulo 2
Madre
mía, ¡que ojos!. Cuanto más me miraba más nerviosa me ponía.
Esos ojos azules del color del cielo podrían derretir cualquier
cosa, o mejor dicho, a cualquier mujer que se le pusiera delante.
Mi
perplejidad me impedía articular palabra, si ya me pongo nerviosa
cuando estoy frente al chico que me gusta, imaginaos como me tuve que
haber puesto, al ver algo que jamás, y digo jamás, pensé que
podría haber pasado.
Por
fin me armé de valor y lo único que salió de mi boca fue un ¡eh!
acompañado de una sonrisa, más la caída de baba. En ese momento me
sentí como él en cualquier videojuego. De pronto se me encendió la
bombilla, y me pregunté: ¿hablará?. No lo había pensado hasta ese
momento, Link no habla, solo hace sonidos. A lo mejor este si.
Llevábamos como diez minutos mirándonos fijamente, sin decir nada.
Supongo
que la situación era extraña para los dos, más para él que para
mi. Yo por lo menos estaba en mi mundo.
Hola-
le dije esperando una respuesta- solo obtuve una sonrisa seguida de
un je. El pobre estaba tan confuso como yo.- Me llamo Cristina, ¿Tú
eres Link, verdad?, ¿Me entiendes?- no hizo ningún gesto ni nada,
así que probable que no me entendiese. Me limité a imitar la escena
de Tarzán y Jane cuando se conocen, señalándome a mi dije-
Cristina- pasé a señalarlo a él dándole pie a que hablara-...-
viendo que no respondía dije- ¿Link?- y al fin, al fin movió la
cabeza y dijo- “jai”
Tras
su respuesta la conclusión no precipitada fue clara, mudo. A lo
mejor lo era por que nunca lo habían enseñado a hablar. Quizá yo
podría enseñarlo. También cabía la posibilidad de que fuese mudo
por que quisieron que fuera así.
Lo
cierto y verdad es que me importaba un pepino, probaría las dos
cosas y si no hablaba ya encontraría la forma para poder
comunicarnos.
Me
moría de ganas de tocarlo, podría ser un holograma y no de carne
hueso, o una ilusión creada por la super conmoción cerebral que
tenía en ese momento.
Me
acerqué lentamente y con los ojos cerrados alargué el brazo. Noté
como sus manos cogían la mía y la euforia se apoderó de mi. Traté
de calmarme y de no echarme encima de él, pero para cuando abrí los
ojos ya era demasiado tarde, estaba totalmente pegada a él como cual
lapa en las rocas de la playa. En cuanto fui consciente me separé
cogiéndole con mis manos sus musculosos brazos. Todo era mejor de lo
que me había imaginado.
Mi
corazón estaba revolucionado. Debía tranquilizarme y sacarlo del
parking. Le tendí mi mano y nos dirigimos al interior del centro
comercial.
¿Recordáis
que antes os dije que cuando llegué no había nadie? Pues ahora
parecía que habían hecho rebajas improvisadas por que todo el
pueblo estaba ahí.
Al
ver tanta gente Link empezó a sentirse inquieto, tratando de buscar
la espada maestra en su espalda, pero no la llevaba. No se me ocurrió
otra forma de tranquilizarlo que coger mi móvil y ponerle la canción
del Market de Hyrule de la BSO. Surtió efecto y no le dí más
vueltas. Entendió que era un mercado.
Lo
que me resultó extraño fue que la gente nos miraba raro, hasta ese
momento no me había percatado de que su atuendo no era el más
adecuado para ir paseando por la calle. No tardó en darse cuenta y
comenzó a buscar por su alforja, sacó de una de ellas algún que
otro billete.
Tras
ver esto lo cogí del brazo y me lo llevé a Pull and Bear a
comprarle ropa.
Era
la primera vez que Link veía unas escaleras mecánicas y me enamoré
de su cara de entusiasmo, parecía un niño pequeño el cual había
hecho el mayor de los descubrimientos. Una vez arriba, volvimos a
bajar, para volver a subir. Repitió esta partitura 3 veces, y por
que no lo dejé más, realmente parecía un niño.
Al
entrar en la tienda la simpática de la dependienta nos miró raro,
le dije que veníamos del salón del manga y que habíamos ganado el
concurso de cosplay, ahora queríamos ropa normal.
Escogí
un montón de ropa, lo metí al probador y lo esperé fuera. Mientras
esperaba a que se cambiase, sin yo quererlo me fijé en que la
cortina no cerraba bien y entre una rendija podía ver como se
cambiaba de ropa. Intenté no mirar, lo prometo. Pero el delito era
no hacerlo si no lo hubiese hecho la policía me hubiese detenido por
tonta.
Se
notaba que era el personaje de un videojuego, era la perfección en
persona. Tenía marcados todos y cada uno de los músculos de su
cuerpo, esculpidos proporcionadamente. Dios. Al fin la vida me
sonreía. Noté
como algo me rozaba el hombro, era la dependienta que también había
caído en la cuenta del detalle y se había unido a ver semejante
espectáculo.
De
repente la cortina se abrió y las dos nos empujamos mutuamente
tratando de disimular que estábamos espiando como se cambiaba. Lo
miré y fue como: Un rayo de sol oh, oh, oh. Casi lloro de felicidad.
Mis hormonas estaban revolucionadas. Me hizo un gesto y le dije que
le quedaba genial con el gesto universal del dedo pulgar hacia arriba
y mi cara de super salida. Volvió dentro a probarse los siguientes
conjuntos, y la dependienta de nuevo a mi lado, esta vez la mandé a
paseo.
Nos
llevamos tres pantalones y cuatro camisetas, para que tuviese con que
vestirse. Tampoco sabía cuanto tiempo se iba a quedar y en caso de
que fuese para siempre, mis ganas locas, le compraría más ropa.
Durante el pago la dependienta trató de colarle el número de
teléfono, pero yo fui más avispada y lo rompí vilmente delante de
sus narices.
Hice
que entrase al baño y se pusiese uno de los nuevos conjuntos
adquiridos. Tengo que decir que lo más erótico del día fue
quitarle de la ropa las etiquetas con los dientes. Pero que me quiten
lo bailao.
Cuando
llegamos a mi coche se rehusó a entrar. Traté de decirle que
cumplía la misma función que Epona. Vendo que no surtió mucho
efecto, entré dentro de mi coche, abriéndole la puerta del copiloto
e invitándolo a entrar.
En
un momento de lucidez antes de llegar a casa, salí del coche y llamé
a mi hermana pequeña:
¿Quéééééé?
Toñi
necesito que me hagas un favor, tienes que esconder todos los
maceteros y jarrones que haya por la casa.
¿por
qué?
Cuando
llegue a la casa lo verás, que ahora mismo no te lo puedo explicar.
Voy
ya, ¿eh?
Durante
el trayecto iba nombrando todos y cada uno de los objetos y seres que
nos íbamos encontrando. Supongo que para él todo esto sería nuevo.
Así que el camino a casa fue como un capítulo de Dora la
Exploradora, solo que sin mono ni mochila.

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